miércoles, febrero 21, 2024
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Si el baño hablara

Por: Norber Bustos Ramos

El baño es uno de los lugares más privados, por no decir el más privado de la casa o cualquier recinto. Pero para algunos no sólo es el más privado sino el más seguro. Unos pocos metros cuadrados con un retrete, una ducha y un lavabo se han convertido en una trinchera donde muchos intentan resguardar su alma, una estación del pensamiento para una mente que vuela, una esquina del dolor cuando el llanto es irresistible o un risco donde muchos caen y se hunden en vicios y adicciones secretas.

Si el baño hablara, tal vez nos contaría cientos de historias y noches oscuras. Como la de aquella joven que supo allí que había quedado en embarazo, un embarazo que no esperaba, que no deseaba, noticia que siente como una montaña que le arruina todo lo que ella consideraba vida. Las lágrimas mezcladas con sangre parecen aun correr por el piso del baño de aquella que sufrió los dolores desgarradores de un aborto, mientras sentía como su hijo moría y su alma se despedazaba.

Nos contaría de esa esposa que solo en el baño encontraba un refugio para huir de los golpes y el maltrato de su cónyuge, del joven que intentó suicidarse sentado en la bañera, mientras el agua caía y los pensamientos de depresión le abrumaban. Nos contaría de aquel que mantuvo la cordura ante su familia cuando recibió una noticia devastadora, pero encerrado en su baño no pudo aguantar y lloró hasta más no poder, aquel que sintió su vida acortarse tajantemente, mientras leía el dictamen médico de una terrible enfermedad.

También de aquel que tras la puerta del baño encontró en la pornografía un pozo, uno que parecía tener el agua que le saciaría y le permitiría huir de los problemas, el rechazo o el abuso, pero en realidad era una cisterna rota, sin agua, en la que cayó, pero de la cual no ha podido salir. Cada vez que vuelve cree que será diferente, que es lo que necesita, que encontrará alivio, pero en realidad después de la breve satisfacción solo siente culpa, vergüenza y miseria.

Y Qué decir del espejo que vio la mirada llena de lágrimas con el maquillaje corrido, de esa joven después de una ruptura amorosa. O la mirada triste, torva y dolida de aquel que llegó del funeral de ese amigo, esa esposa, esa madre, o ese ser amado.

Las historias del baño son casi infinitas. La realidad es que es fácil salir del baño pero no es fácil sacar el sinsabor de la amargura del alma. Tal vez tu eres ese o esa, que siente destapar sus heridas tras la puerta de un baño, una habitación, una biblioteca, o cualquiera que sea tu cueva. Pero cuando sales de tu cueva, te das cuenta de que la cueva no ha salido de dentro de ti.

Foto: Pixabay

A ti que esperas el siguiente momento para encerrarte con tu propio dolor tras esas cuatro paredes, quiero decirte. Hay uno que no solo puede perforar los cerrojos de tu cueva, baño o habitación, sino también puede entrar hasta las habitaciones más recónditas de tu alma. Aquel lugar donde nadie más que tú con tu dolor entran. Cuando Él llega, es la luz que irradia tus tinieblas, cuando el llega la luz al final del túnel se abre. Es aquel de quien la escritura dice:

Tú me observabas mientras iba cobrando forma en secreto, mientras se entretejían mis partes en la oscuridad de la matriz.

El mismo que te vio en el secreto del vientre, también puede verte en la oscuridad de tu cueva. Jesús cuyas manos tocan suavemente tu dolor, porque sus mismas manos sintieron el dolor de los clavos traspasándoles en la cruz.

Él pasó por la cueva oscura cuando le dijo a su Padre: «Pasa de mí esta copa», pero el Padre no lo libró de aquella amargura, de aquella noche oscura. Tal vez te preguntas ¿Por qué Dios no impidió que esto pasara?, Yo no lo sé, pero Jesús sabe lo que se siente que Dios no haya evitado el dolor, Él conoce de primera mano lo que significa beber de la copa más amarga, sintiendo el abandono.

La noche para Jesús fue amarga, pero después de la noche de angustia, después de la cruz llegó la resurrección. Esto es lo que quiero dejarte en tu corazón, hay una luz más fuerte en medio de tu oscuridad y es la luz de Jesús.

No te quiero engañar, la confianza y la fe en Jesús no garantiza siempre un cambio de la noche a la mañana, habrán días llevaderos y días más difíciles. Días donde sientas que el peso vuelve, que la cueva está ahí, que la carga no se ha ido, y que estás en el mismo lugar donde empezaste, sintiendo lo mismo, haciendo lo mismo. Necesitas de su gracia y su misericordia para cada día, así tendrás la fuerza para dar un paso más hacia la salida, y cuando tus ojos se cansen, él levantará tu cabeza para que vuelvas a ver la luz del propósito y la esperanza de los planes de Dios para ti.

A ti cuyo dolor sientes insoportable, tu amargura incurable, tu vida irreparable o tu camino sin salida. Por Jesús podrás ver la resurrección en medio de tu muerte. Jesús llevó en la cruz tu pecado, tu dolor, tu amargura y depresión, contémplalo a Él mientras sus ojos de amor y de perdón te dicen que si él salió de la muerte, tu saldrás de tu cueva.

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